Wednesday, May 23, 2012

Las Guerras del Twitter

La arremetida de Uribe contra el gobierno Santos: ¿estrategia de político o de hombre de Estado? 

Latinoamérica es sin duda una región compleja, diferente. Vive su política de forma intensa y visceral, por más absurdo que a veces sea el tema en cuestión. Por lo general no nos interesan los grandes debates políticos o económicos pero nos apasionan las diferencias personales entre nuestros líderes políticos. Las tomamos como si de afrentas propias se tratara, aún más cuando estos se salen de sus casillas y hacen de estas diferencias cuestiones de Estado.

Vivimos en un continente capaz de inventar las más absurdas guerras. La Guerra del Fútbol (entre Honduras y El Salvador, 1969), la Guerra del Guano (o sea, de la mierda de pájaro – Chile,  Bolivia y Perú – 1879) y conflictos de la Guerra Fría en pleno Siglo XXI, entre otras. Por esta razón no debería causarnos ninguna sorpresa que hoy nos estemos inventando una nueva guerra: la Guerra del Twitter.

La Guerra del Twitter tiene nombre propio: Álvaro Uribe Vélez. Llevamos días, semanas, meses ya, viendo cómo incrementa la arremetida del expresidente contra el gobierno Santos. Al principio muchos pensamos, yo incluido, que se trataba sencillamente de las bravuconadas de un mandatario viudo de poder que veía en esta red social su única plataforma para expresar sus frustraciones. Pero a medida que se intensifican los ataques, los “trinos” de Uribe están demostrando que hacen parte de una estrategia, ante todo, política; se trata de una estrategia calculada y sistemática para quitarle apoyo al gobierno Santos. Y lo está consiguiendo.

La Guerra del Twitter se está convirtiendo en la punta de lanza de las campañas electorales del Uribismo. Se trata de restarle apoyo y credibilidad al Santismo (y de paso al Partido Liberal y a la izquierda) y así allanarle el camino a los posibles candidatos del Uribismo. Esgrimiendo de forma constante el peor miedo de los colombianos – el regreso a los años del terror guerrillero – Uribe ya ha conseguido afectar los índices de popularidad y de aprobación de Santos. También ha conseguido llamar al orden a los uribistas en el Congreso: el Partido de la U y el Partido Conservador han tenido que replantearse su apoyo incondicional al Presidente ante el reciente llamado de atención. Él, palabras más, palabras menos, exige que el accionar político de estos dos partidos se apegue a los principios ideológicos que defendieron durante la era Uribe.

Pero esta guerra, como cualquier otra, puede también tener consecuencias reales y nefastas. Puede llevar a la desestabilización del país, a la polarización de la sociedad, a la baja en la moral de las tropas (y sus terribles consecuencias operacionales), y al envalentonamiento de grupos al margen de la ley (como los que atentaron contra el exministro Londoño), entre otros.

La Guerra del Twitter se está convirtiendo en una herramienta política de gran impacto y sus consecuencias reales están aún por verse. Mi opinión es que el expresidente debe ser muy cuidadoso con su nueva arma. Si la utiliza en aras de defender una postura ideológica que cree que es la mejor para el país, y un accionar político consecuente con ella, está en todo su derecho. Si se trata sólo de una estrategia electoral, la Guerra del Twitter estará a la altura de la compra de votos, las falsas promesas y la propaganda sucia que caracterizan el debate político en Colombia.


El político piensa en las próximas elecciones, el hombre de Estado en la próxima generación. William E. Gladstone, Primer Ministro Británico.

Los nuevos huevitos de Uribe.


Monday, April 30, 2012

Chavismo y Kirchnerismo: dos expresiones de un mismo mal


Ni el Kirchnerismo se puede explicar sin el Corralito, ni el Chavismo sin el Caracazo.

Desde hace algunas semanas, la Presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, está dando mucho de qué hablar. Primero fue la aprobación de la ley para "desmonopolizar" el mercado de los medios de comunicación (que perjudicó principalmente a medios críticos del gobierno); después vino la reanudación de la guerra diplomática con Reino Unido por la posesión de Las Malvinas; y hace unos días vimos la expropiación de la petrolera YPF a la española Repsol. Estas medidas: la búsqueda de un enemigo externo común, la nacionalización de empresas y el enfrentamiento abierto contra la prensa, se han convertido en algunas de las armas favoritas de los gobiernos populistas del continente y han hecho que la comparación entre la mandataria argentina y su homólogo venezolano Hugo Chávez, sea inevitable. Sus métodos son ya demasiado similares, y la prensa mundial no ha demorado en recordárselo en cuanta línea se escribe sobre ella y sobre las perspectivas económicas del país.

Una mirada a la historia reciente de ambos países puede ayudarnos a comprender por qué allí se han instalado gobiernos populistas y por qué estos siguen gozando de amplios apoyos entre la población.
Empecemos por Argentina. Durante buena parte del siglo pasado, Argentina tuvo importantes éxitos en materia económica y social. Contaba con una amplia clase media, una excelente producción agrícola y obtenía muy fácilmente créditos internacionales; la economía argentina se comparaba más a la de los países desarrollados que a la de un país emergente, y sus habitantes vivían más como europeos que como sus vecinos latinoamericanos.

Pero en el año 2001, Argentina vivió su peor crisis financiera, el “Efecto Tango”. Casi de la noche a la mañana “El Corralito”, una de las expresiones más conocidas de la crisis, sumió al país en una fuerte crisis económica, política y social: los argentinos perdieron buena parte de sus ahorros, más del 21% de la población, casi 3 millones de personas, no conseguían trabajo; el 60% vivía en la pobreza, el producto interno bruto se redujo un 64% y 5 presidentes desfilaron por la Casa Rosada en unas pocas semanas. Las manifestaciones, los saqueos y los disturbios eran pan de cada día.

Buenos Aires durante los días del Corralito
Diez años después, Cristina Fernández de Kirchner ha radicalizado su posición en un viraje aún más extremo hacia la izquierda, la “izquierda revolucionaria”, según ella. Sus seguidores más cercanos han creado un grupo político bastante peculiar. Se llaman La Cámpora. Son jóvenes kirchneristas declarados, la guardia pretoriana de Cristina Fernández. Sus rangos más altos los ocupan amigos cercanos de Máximo Kirchner, hijo de Néstor y Cristina. Están ocupando todos los cargos del organigrama estatal argentino. Uno de los “camporistas” más conocido es Axel Kiciloff, el joven viceministro de economía y artífice de la expropiación de YPF a Repsol.

Venezuela: En 1973 los países productores de petróleo (OPEP) decidieron, de forma unánime, triplicar los precios del petróleo. De un momento a otro, el estado venezolano contaba con enormes recursos y se embarcó en una gran campaña de gasto público. Se hicieron grandes inversiones en infraestructura urbana (carreteras, puentes, estadios), en la cobertura de los servicios sociales, educación y salud. Además de gastar todos sus ingresos, los venezolanos se endeudaron con bancos internacionales. A pesar de los inagotables recursos, Venezuela no aprovechó su época de vacas gordas para diversificar su economía y siguió siendo altamente dependiente del petróleo. En 1986 se reacomodaron los precios del crudo y el barril de petróleo venezolano cayó de 30 dólares a 10. Las finanzas del Estado estaban en una difícil situación y vinieron tiempos muy duros para la población. La gente, que una década antes veía cómo fluían los petrodólares, ahora no tenían con qué comprar comida. Los altos precios de los alimentos y el desabastecimiento de los mercados llevaron a la gente a las calles de Caracas 27 de febrero de 1989 para saquear supermercados y locales comerciales. Los disturbios fueron violentamente reprimidos y cientos de personas murieron en solo dos días. Fue el “Caracazo”, la gran implosión de Venezuela.
Caracas, 27 y 28 de febrero de 1989

10 años después, en 1999, Hugo Chávez se posesionó como Presidente de Venezuela. Junto a él llegó al gobierno una nueva casta de empresarios, burócratas y políticos conocida como la “boliburguesía”. Hoy dominan todos los sectores del Estado venezolano y la industria petrolera, y son a su vez, la guardia pretoriana de Chávez.

Argentina y Venezuela comparten más que el estilo de sus presidentes. Comparten una historia reciente muy similar. Han pasado de ser grandes economías a sufrir terribles crisis sociales en solo unos años y esto ha facilitado la aparición de gobiernos populistas fuertemente respaldados por la sociedad. La Cámpora y la Boliburguesía, aún con grandes diferencias entre sí, son los hijos de esos terribles días de la historia reciente de estos países. Ni el Kirchnerismo se puede explicar sin el Corralito, ni el Chavismo sin el Caracazo. Kircherismo y Chavismo son dos expresiones de un mismo mal: el sentimiento de dos naciones que repentinamente pasaron del orgullo al abismo.

"El Caracazo" sigue aún muy vivo en la memoria de los venezolanos, en particular de los chavistas


Friday, April 13, 2012

Colombia en otras portadas de la revista Time.

No es la primera vez que Colombia llega a una portada de la revista Time.
Estas han sido otras:

The colombian connection: billions in pot & coke - 1979

La agonía de Colombia:
Sobre la tragedia de Armero - 25 mil muertos.

Cocaine Inc. The new drug kings:
Cold-blooded and efficient, colombia´s Cali cartel has cornered the market. Can these men be stopped?

The Colombian Comeback




Algo debemos estar haciendo bien.


The real colombian comeback.

Me alegró inmensamente ver la portada de la revista Time de este mes. "The colombian comeback: from nearly failed state to emerging global player - in less than a decade".

Sin embargo, y sin quitarle méritos a Santos, algunos no olvidamos donde se inició el "real colombian comeback": el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. 

Aquí les dejo un extracto de un artículo de Moisés Naím, un respetado analista político, sobre lo que dejó el gobierno Uribe.

Hablando con Álvaro Uribe
April 01, 2012
by Moisés Naím

Los ataques contra Uribe son también comunes en los medios de comunicación, donde columnistas y comentaristas lo denuncian feroz y constantemente. Esto es sorprendente, ya que Uribe culminó su presidencia con un respaldo del 75%. Y, a pesar de que las denuncias han disminuido los apoyos, el expresidente sigue siendo inmensamente popular en su país y muy respetado internacionalmente.


Hay buenas razones para ello. Durante su presidencia, el país experimentó una transformación casi milagrosa. A finales de los años noventa, Colombia rivalizaba con Afganistán en la lista negra de los Estados dominados por el narcotráfico. Hoy se codea con Chile o Brasil en la lista de países de mayor éxito en América Latina.


Cuando Uribe llegó a la presidencia, en 2002, las guerrillas y las organizaciones paramilitares tenían un inmenso poder. Más de 300 alcaldías estaban cerradas, casi 3.000 colombianos permanecían secuestrados y transitar por las principales carreteras del país era un peligro. Uribe inició una lucha sin tregua contra los grupos armados que tuvo gran éxito. Para el final de su mandato, en 2010, el Estado colombiano había recuperado el control y las FARC están hoy arrinconadas.


La mejoría en la seguridad impulsó la mejoría económica. Colombia crece al 5% anual, tres puntos más que el promedio mundial. En 2011 llegó al 6%. Se crearon casi tres millones de puestos de trabajo y el desempleo pasó del 22% al 12%. Las exportaciones se triplicaron, al igual que las inversiones extranjeras; la inflación cayó al 3,7% y la pobreza disminuyó del 56% al 45%. Aumentó el gasto en salud y educación, a pesar de que la guerra consume mucho dinero público.

Esto no quiere decir que Colombia esté bien. La pobreza es enorme y la desigualdad, intolerable. Las FARC aún cuentan con 8.000 hombres y han proliferado nuevas bandas criminales. Solo el 15% de las carreteras están pavimentadas.

Cuando le pregunté a Uribe sobre sus tensas relaciones con su exministro de Defensa y ahora presidente, Juan Manuel Santos, me contestó que no quiere hablar de sus “tristezas personales”. Pero no titubeó al referirse a los retrocesos que, según él, vive Colombia: “Yo no dejé un paraíso, pero sí un país en buen camino, y ahora tengo preocupaciones por cómo van las cosas”, dijo. Concretamente, se quejó del deterioro de la seguridad y de “señales equívocas en las relaciones internacionales y la defensa de la democracia”. Sobre esto último, y refiriéndose a la más armoniosa relación de su sucesor con Hugo Chávez, enfatizó: “Uno de los problemas es la obsecuencia de ciertos gobernantes con los dictadores. Yo no fui obsecuente con estas nuevas dictaduras… [A cambio de la mejor relación] el Gobierno de Venezuela le ha entregado al presidente Santos premios de consolación, personas de bajo nivel en las FARC. Los verdaderos cabecillas siguen cobijados en Venezuela”.
Finalmente le pregunté: ¿Por qué en Colombia lo atacan tanto? “Cuando tomé las duras decisiones que había que tomar sabía que estaba tocando intereses muy poderosos —de criminales y de sus aliados instalados en la sociedad y la política— y sabía que nunca me lo perdonarían. Y ahora estoy pagando las consecuencias”, respondió.

Para sus millones de simpatizantes esto es obvio. Para sus feroces críticos, esto no es más que otro truco de Uribe para acallarlos. De lo que no hay duda es que Uribe dejó su país en mejores condiciones de como lo encontró.

Thursday, April 12, 2012

"Seguiré hasta el fin. Mato o caigo".

El domingo pasado El País de España publicó una crónica que habla sobre "el mundo de los sicarios de Medellín, jóvenes de vida breve y gatillo fácil". Aunque el tema de la crónica me pareció algo "trillado", después de leerla con atención descubrí algunos puntos que me llamaron la atención. 


La descomposición de la familia debido a la inserción de la mujer al trabajo formal, la contradicción entre el desarrollo económico de Medellín (y del país en general) y el deterioro en las condiciones de vida de las clases menos favorecidas, y la total ausencia de proyectos de vida en estos jóvenes fueron algunos de estos puntos.


Creo que algunos de estos principios pueden aplicarse a sicarios de Medellín, Cali o Bogotá; a guerrilleros, a miembros de las Maras de centroamérica, a pandilleros de Estados Unidos, y hasta a terroristas.


Hice un resumen de toda la crónica recuperando los apartados que en mi opinión son los más importantes. Espero que les guste y los haga reflexionar.


  • “Yo creía que era un problema económico, pero la solución no es solo de dinero. Tiene que ver con la falta de afectos y con distintas formas de rechazo social. Ellos son seres humanos que merecen oportunidades, y las instituciones, llámense Iglesia, Gobierno o escuela, lo único que hacemos es vetarlos. A los chicos los echan de la casa, los echan de los colegios, y entonces su único refugio es la esquina, el combo, que les da un lugar para ser personas... Entre comillas”.

  • El joven (un sicario) ha pasado ya de los 20 años de edad, algo que no logran muchos de ellos. Esnifó su primera raya de cocaína a los 10 años. Con 12 cogió por primera vez un arma de fuego. Con 14 ya era miembro de una banda criminal. “Nos juntamos los de mi barrio, los típicos pelaos que en preescolar íbamos cogidos de la mano para la escuela, y montamos un combo de 80 personas”.

  • “Cuando uno cumple una edad y no estudia ni hace nada, las cuchas [las madres] le ven a uno el símbolo del peso en la cara, y le piden que aporte para la casa. Le dicen que es un mantenido, y eso cala. Yo estuve en ese punto: sin trabajo, con la familia presionando, que llegaba a casa y a mí no me ponían ni un plato de arroz, y me miraban mal si abría la nevera. Y aparece un tipo y le pone delante de usted un millón, dos, tres millones de pesos”.

  • “Cada semana hacía unas ocho vueltas, y con eso me ganaba como 10 millones de pesos (4.200 euros). Viajaba en avión, tenía un apartamento, a todas las niñas que quería, mi moto, revólveres, un rifle, la coca… Mire que entre cuatro consumíamos 70 gramos diarios”. — ¿Y cómo no se murieron? — Uno sí murió de sobredosis, otro se quedó ciego, y a otro un día se le cayó algo blanco de la nariz. Pensó que era una roca de coca, pero era el tabique.

  • En España, un gramo de coca cuesta 60 euros en la calle. En las barriadas de Medellín cuesta 2 euros, y, sin embargo, por allí no se ven drogadictos decrépitos como, por ejemplo, los de los poblados del extrarradio de Madrid.

  • Los jóvenes de ahora no encuentran de dónde sacar dinero, ya no para drogarse, sino para comer o vestirse. Incluso asesinar por encargo, que antes podía ser bastante lucrativo, se ha convertido en un oficio ruinoso: “El otro día, un pelao me dijo que mató a alguien y le dieron 20.000 pesos [8,4 euros] por esa cabeza, y me consta que otros matan hasta por 5.000 [2,5 euros] y que luego usan la plata para comprarle unas arepas a su mamá”.

  • En Medellín, la oferta de asesinos excede la demanda de víctimas. Tanto, que los chicos más jóvenes llegan a matar gratis para intentar hacerse un hueco en el saturado mercado del crimen.
  • Ahora es tan difícil prosperar como sicario que muchos juran que lo dejarían si pudiesen encontrar otro modo de sobrevivir. “Hay infinidad de jóvenes que quieren salirse de esto”. “No hace falta ni siquiera que lo veamos desde el punto de vista humano, sino desde el mero punto de vista comercial: hay una sobrecarga de combos y de sicarios”.

  • Lo paradójico es que mientras el crimen se reduce, parece que aumenta la disponibilidad de chicos empobrecidos y desocupados dispuestos a asesinar para ganar un poco de dinero.

  • Los chicos de las comunas entienden la vida en presente simple, sin más futuro que las próximas horas. “Tienen una idea muy simple de la existencia. Experimentan la muerte al día. Viven el hoy. Lo que se gana, se gasta en el día. Es como una expresión popular que hay por acá que dice: ‘Volador hecho, volador quemado’.

  • Esa correa de transmisión de valores tradicionales se ha ido cortando por la descomposición de las familias humildes, causada en parte por la rápida incorporación de las mujeres al mercado laboral.

  • Mientras tanto, la economía formal prospera. Medellín es la ciudad colombiana mejor valorada internacionalmente como destino de negocios. También es la ciudad colombiana en la que mayor cantidad de riqueza se concentra en un menor número de ciudadanos. Según datos de la Personería, en 2009 la ciudad tenía 2.400.000 habitantes, de los que 900.000 eran pobres, y unos 250.000, indigentes.

  • Algunas frases de un manual de inversión publicado en 2006 por el propio Ayuntamiento de Medellín: “El salario mínimo en Colombia es uno de los más bajos de los países latinoamericanos (…). Colombia tiene uno de los regímenes laborales más flexibles de América Latina (…). Con una jornada laboral diurna extendida desde las 6 a. m. hasta las 10 p. m., el empleador puede contratar dos turnos sin necesidad de pagar horas extra (…). Modalidad de contratación de aprendices sin vinculación laboral con la empresa: el empleador no tiene obligación de pagar prestaciones sociales (…). Colombia presenta costes de despido sin justa causa considerablemente inferiores a países como México, Argentina, Guatemala y Brasil”.

  • Medellín evoluciona, pero no logra incorporar al desarrollo a la mayoría de sus ciudadanos. “Aquí la economía sube y la gente pasa cada vez más hambre”.

  • Las mujeres han dejado de ser amas de casa y educadoras primarias, y sus hijos se han quedado solos, entre un hogar vacío y un ambiente callejero que los atrapa desde la infancia. “Los niños son educados por los combos”. “Para los muchachos, pertenecer al grupo no es un trabajo, es una opción de vida”. “Encuentran el afecto y una identidad. Para ellos, el combo es un lugar en el mundo”.

La crónica, en:

Wednesday, April 4, 2012

La Tragedia de Mali


Mali es un gran país. Tiene una gran extensión territorial, una historia fascinante y una población absolutamente encantadora. Desafortunadamente, por estos días Mali sólo ocupa los titulares de la prensa mundial por catástrofes de la más diversa índole. Una revuelta armada, un golpe de estado y una posible hambruna amenazan a este gran país de caer en una crisis humanitaria de la que solo nos daremos cuenta cuando ya sea demasiado tarde.

Mali está ubicado en el corazón de África Occidental, un problemático vecindario que ha visto repetidas tragedias: terribles hambrunas, crueles dictaduras, tensiones étnicas y religiosas, y la maldición eterna de contar con importantes recursos naturales (diamantes, oro y petróleo, entre otros) que han servido de combustible para algunos de los peores conflictos armados de finales del siglo XX (Liberia y Sierra Leona, solo por citar dos ejemplos).

En medio de todo este complejo desastre, Mali era muchas veces visto como un oasis de tranquilidad. Sin guerras civiles, ni largas dictaduras, ni conflictos con Estados vecinos, Mali estaba logrando que el turismo, la extracción de oro, los cultivos de algodón y la cooperación internacional comenzaran a impulsar un escueto progreso en el país.
Djenné, Patrimonio de la Humanidad.

Pero hoy el panorama en Bamako es incierto porque en solo unos pocos días, el país pasó de ser ese “oasis de tranquilidad” a estar prácticamente al borde del colapso. Esta es la cadena de eventos:

La insurrección Tuareg:

Durante el pasado mes de enero un grupo de combatientes de la etnia Tuareg comenzaron un avance desde sus posiciones en el desolado norte del país hacia el sur. Los Tuaregs son descendientes de las tribus nómadas del desierto; constituyen un 5% de la población del país y se sienten más cercanos a sus vecinos árabes del norte que a sus compatriotas del sur del país, que en su mayoría son de etnias negras. Por esta razón, en repetidas ocasiones se han sublevado contra el poder central de Bamako.

El éxito del avance tuareg tiene nombre propio: Moamar Gadafi. El dictador libio utilizó a cientos de mercenarios tuareg durante la revuelta que lo derrocó y ahora, estos vuelven a casa, sin empleo, pero armados y entrenados para la guerra, mucho mejor que las tropas malienses.

Según la Agencia para los Refugiados de la ONU (ACNUR), el avance de los Tuareg ha causado la huida de unos 200 mil refugiados a países vecinos, particularmente Mauritania, Níger y Burkina Faso.

El golpe de Estado:

El 21 de marzo, con el argumento de que el gobierno no estaba haciendo lo necesario para frenar el avance Tuareg, un desconocido Capitán del Ejército de Mali lideró un golpe de Estado al Presidente Amadou Touré.

El golpe ha sido ampliamente condenado por la comunidad internacional y ya se han tomado algunas medidas para aislar y castigar a la junta militar. Estas medidas incluyen el cierre de las fronteras terrestres (Mali no tiene salida al mar), congelar las cuentas bancarias del país, cortar el suministro de petróleo y detener la comercialización del oro maliense. Ante la incertidumbre, decenas de agencias de cooperación internacional también han abandonado el país. Estas medidas, si bien están orientadas a asfixiar a los golpistas, terminarán por ahorcar a la población civil.

Lo contradictorio del caso es que tras el golpe de estado, los militares se han concentrado en la capital y sus alrededores, abandonando la lucha en el norte y dejando que las fuerzas insurgentes se refuercen allí y queden con el camino libre al sur, incluso llegando a tomarse la legendaria ciudad de Timbictú.

La tragedia medioambiental:

Mercado en Diré, hoy territorio ocupado por los Tuareg.   
 Diré, hoy territorio ocupadoEn este 2012, la región del Sahel (la franja de tierra entre el desierto del Sahara y las selvas del África sub-sahariana) se encuentra de nuevo con altas probabilidades de tener que enfrentar una grave hambruna debido a la sequía. Según Oxfam, varias agencias ya han hecho sonar las alarmas sobre la crisis que se avecina: Solo en Mali, cerca de 1.7 millones de personas tienen riesgo de sufrir inseguridad alimentaria, en el resto del Sahel sería un total aproximado de 13 millones.

El peor escenario:

Es imposible saber qué sucederá en el país africano. Lo único cierto es que los tres lados de la tragedia de Mali son cada vez más graves:

La insurrección Tuareg no tiene un futuro claro y cuenta con una creciente presencia de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que busca la creación de un Estado islámico regido por la Sharia (similar al del Afganistán bajo los talibanes) y que está haciendo de los cooperantes extranjeros uno de sus blancos preferidos. Sin la ayuda internacional gestionada por estos cooperantes, miles de personas no podrán comer en los próximos meses.


Finalmente, todo esto podrá ser el caldo de cultivo que intensifique las tensiones en la región y que podría empujar el conflicto hacia los países vecinos, donde el contexto social es similar. El peor de los casos sería una nueva ola de inseguridad regional: con 13 millones de personas amenazadas por el hambre en Mauritania, Mali, Níger y Sudán, los extremistas islámicos y las bandas criminales que operan en la región tendrán un escenario perfecto para llevar al Sahel al borde del precipicio. Una repetición del caso de Somalia podría ser perfectamente viable, algo que el mundo moderno no puede tolerar.

Conversando con los Tuareg en el norte de Mali.

Friday, March 23, 2012

Abortions & Crime

Something to think about when discussing the morality and legality of abortion:


The legalization of abortion in the 1970´s was one of the primary reasons why crime rates fell in the 1990´s. 

- 1973: US Supreme Court legalizes abortion across USA.
- 1990´s: Crime rates drop all over the country. 
The explanation:
- Unwanted children have high risk for developing criminal activities at some point in their lives because of the conditions they grow up in. 
- As a whole generation of potentially unwanted children was never born, 20 years later, when they would have been in the peak crime ages, they simply weren´t there.
- There were 5 states that legalized abortion 3 years before the rest of the country.These same states started showing crime reductions 3 years earlier than the rest.
- Those states where abortion was not only legal but was easily available, showed a bigger decrease in crime rates - 30% lower.


There is a huge relation between giving women the right to choose and crime.



Friday, March 9, 2012

About the campaign "Kony 2012"

Who is Joseph Kony and how can the United States help stop the LRA? 
Watch Richard Downie comment on "Kony 2012". 

This is a short, interesting video about the campaign Kony 2012 and the situation in the region.


Click on the link, not the image.

http://vimeo.com/38187645





By: Center for Strategic & International Studies - CSIS

Tuesday, February 28, 2012

Interesting article about the posibilities - and effects - of bombing Iran.

http://www.economist.com/node/21548233
Bombing Iran: Nobody should welcome the prospect of a nuclear-armed Iran. But bombing the place is not the answer



FOR years Iran has practised denial and deception; it has blustered and played for time. All the while, it has kept an eye on the day when it might be able to build a nuclear weapon. The world has negotiated with Iran; it has balanced the pain of economic sanctions with the promise of reward if Iran unambiguously forsakes the bomb. All the while, outside powers have been able to count on the last resort of a military assault.

Today this stand-off looks as if it is about to fail. Iran has continued enriching uranium. It is acquiring the technology it needs for a weapon. Deep underground, at Fordow, near the holy city of Qom, it is fitting out a uranium-enrichment plant that many say is invulnerable to aerial attack. Iran does not yet seem to have chosen actually to procure a nuclear arsenal, but that moment could come soon. Some analysts, especially in Israel, judge that the scope for using force is running out. When it does, nothing will stand between Iran and a bomb.

The air is thick with the prophecy of war. Leon Panetta, America’s defence secretary, has spoken of Israel attacking as early as April. Others foresee an Israeli strike designed to drag in Barack Obama in the run-up to America’s presidential vote, when he will have most to lose from seeming weak.

A decision to go to war should be based not on one man’s electoral prospects, but on the argument that war is warranted and likely to succeed. Iran’s intentions are malign and the consequences of its having a weapon would be grave. Faced by such a regime you should never permanently forswear war. 

However, the case for war’s success is hard to make. If Iran is intent on getting a bomb, an attack would delay but not stop it. Indeed, using Western bombs as a tool to prevent nuclear proliferation risks making Iran only more determined to build a weapon—and more dangerous when it gets one.

A shadow over the Middle East

Make no mistake, an Iran armed with the bomb would pose a deep threat. The country is insecure, ideological and meddles in its neighbours’ affairs. Both Iran and its proxies—including Hizbullah in Lebanon and Hamas in Gaza—might act even more brazenly than they do now. The danger is keenly felt by Israel, surrounded by threats and especially vulnerable to a nuclear bomb because it is such a small land. Iran’s Supreme Leader, Ayatollah Ali Khamenei, recently called the “Zionist regime” a “cancerous tumour that must be cut out”. Jews, of all people, cannot just dismiss that as so much rhetoric.

Even if Iran were to gain a weapon only for its own protection, others in the region might then feel they need weapons too. Saudi Arabia has said it will arm—and Pakistan is thought ready to supply a bomb in exchange for earlier Saudi backing of its own programme. Turkey and Egypt, the other regional powers, might conclude they have to join the nuclear club. Elsewhere, countries such as Brazil might see nuclear arms as vital to regional dominance, or fear that their neighbours will.

Some experts argue that nuclear-armed states tend to behave responsibly. But imagine a Middle East with five nuclear powers riven by rivalry and sectarian feuds. Each would have its fingers permanently twitching over the button, in the belief that the one that pressed first would be left standing. Iran’s regime gains legitimacy by demonising foreign powers. The cold war seems stable by comparison with a nuclear Middle East—and yet America and the Soviet Union were sometimes scarily close to Armageddon.

The dream of pre-emption

No wonder some people want a pre-emptive strike. But military action is not the solution to a nuclear Iran. It could retaliate, including with rocket attacks on Israel from its client groups in Lebanon and Gaza. Terror cells around the world might strike Jewish and American targets. It might threaten Arab oil infrastructure, in an attempt to use oil prices to wreck the world economy. Although some Arab leaders back a strike, most Muslims are unlikely to feel that way, further alienating the West from the Arab spring. Such costs of an attack are easy to overstate, but even supposing they were high they might be worth paying if a strike looked like working. It does not.

Striking Iran would be much harder than Israel’s successful solo missions against the weapons programmes of Iraq, in 1981, and Syria, in 2007. If an attack were easy, Israel would have gone in alone long ago, when the Iranian programme was more vulnerable. But Iran’s sites are spread out and some of them, hardened against strikes, demand repeated hits. America has more military options than Israel, so it would prefer to wait. That is one reason why it is seeking to hold Israel back. The other is that, for either air force, predictions of the damage from an attack span a huge range. At worst an Israeli mission might fail altogether, at best an American one could, it is said, set back the programme a decade.

But uncertainty would reign. Iran is a vast, populous and sophisticated country with a nuclear programme that began under the shah. It may have secret sites that escape unscathed. Even if all its sites are hit, Iran’s nuclear know-how cannot be bombed out of existence. Nor can its network of suppliers at home and abroad. It has stocks of uranium in various stages of enrichment; an unknown amount would survive an attack, while the rest contaminated an unforeseeable area. Iran would probably withdraw from the Nuclear Non-Proliferation Treaty, under which its uranium is watched by the International Atomic Energy Agency. At that point its entire programme would go underground—literally and figuratively. If Iran decided it needed a bomb, it would then be able to pursue one with utmost haste and in greater secrecy. Saudi Arabia and the others might conclude that they, too, needed to act pre-emptively to gain their own deterrents.

Perhaps America could bomb Iran every few years. But how would it know when and where to strike? And how would it justify a failing policy to the world? Perhaps, if limited bombing is not enough, America should be aiming for an all-out aerial war, or even regime change. Yet a decade in Iraq and Afghanistan has demonstrated where that leads. An aerial war could dramatically raise the threat of retaliation. Regime change might produce a government that the West could do business with. But the nuclear programme has broad support in Iran. The idea that a bomb is the only defence against an implacable American enemy might become stronger than ever.

Get real

That does not mean the world should just let Iran get the bomb. The government will soon be starved of revenues, because of an oil embargo. Sanctions are biting, the financial system is increasingly isolated and the currency has plunged in value. Proponents of an attack argue that military humiliation would finish the regime off. But it is as likely to rally Iranians around their leaders. Meanwhile, political change is sweeping across the Middle East. The regime in Tehran is divided and it has lost the faith of its people. Eventually, popular resistance will spring up as it did in 2009. A new regime brought about by the Iranians themselves is more likely to renounce the bomb than one that has just witnessed an American assault.

Is there a danger that Iran will get a nuclear weapon before that happens? Yes, but bombing might only increase the risk. Can you stop Iran from getting a bomb if it is determined to have one? Not indefinitely, and bombing it might make it all the more desperate. Short of occupation, the world cannot eliminate Iran’s capacity to gain the bomb. It can only change its will to possess one. Just now that is more likely to come about through sanctions and diplomacy than war.

Wednesday, February 22, 2012

IRAN: THE OTHER SIDE OF THE STORY - This video can help us understand iran´s version of the conflict.

For most americans, the story begins in 1979, with the iranian revolution and the hostage crisis.
But to really understand, we have to go back to 1953 which is where the story begins for most iranians. This is the year when the US overthrew Iran´s democracy and installed the Sha, a pro-US dictador. 



Both the American and Iranian goverments are working against the interests of the people, but the deadly game of the chicken was started by the US.